miércoles, noviembre 05, 2008

Deseos. Segunda parte.


El reloj marca la hora de perder la informalidad y seductoramente me tomas de la corbata mientras me jalas hacia la cama, traviesa sonríes y me dices:

-Me estorba tu corbata- Mientras te dejas caer sobre la cama.

La aflojas y te deshaces de ella. Me recuesto sobre ti y te sigo besando, es imposible dejar de hacerlo…

Acaricio tus manos y busco tu cuello, te gusta que te bese ahí, que lo recorra y sentir el cálido aliento recorriéndote poco a poquito.Tomas mi cabeza entre tus manos y me jalas un poco hacia tu boca para besarme, sonríes, cierras tus ojos y regreso a besar tu cuello, tus hombros.

Te recuestas dándome la espalda, mi pecho se pega a ella y hay una fricción, el calor aumenta.Te ves hermosa con tu vestido pero, es momento de verte sin el… Tomo el zipper y comienzo a correrlo, despacio, mientras beso desde tu hombro hasta tu brazo.

Te pongo de pie para seguir quitando tu vestido, mis manos acarician tu espalda, te abrazo por la espalda y te aprieto contra mi cuerpo, abrazo tu cintura, mis manos van a tu pecho, lentamente empiezo a deslizar tu vestido hasta que este cae el suelo…

Estas en ropa interior y aumenta mi calor. De frente, nuestros labios se buscan y se juntan nuevamente, mientras nos besamos comienzas a desabotonar mi camisa, hasta que queda suelta y extiendo mis brazos para que termines de quitarla.

Conociéndote, pensé que sentirías pena si me quitabas el pantalón, pero esta vez el deseo es más fuerte que la pena y desabrochas el cinturón, antes de quitarlo tomas cada extremo y lo jalas para pegarme a tu cuerpo.

-Traviesa – Te digo yo -
-¿Te gusta?
-Me encanta – te respondo un tanto sorprendido.

Cae mi pantalón y los besos se intensifican, la humedad y el calor en nuestras bocas es evidente, y la excitación es visible en los dos, te recuesto y mi cuerpo está sobre ti, tu boca abajo, extiendo tus brazos por encima de tu cabeza, tomos tus manos y las acaricio para seguirte el cuello, la espalda, desabrocho el bra para recorrer libre tu espalda.

Pasan los minutos y el recorrido no tiene fin, te giro para quedar pecho a pecho, yo estoy abajo ahora y con tus bellos labios te recorrer mi pecho, de un lado al otro, luego comienzas a bajar lento, despacio hasta llegar a mi ombligo, con tu mirada traviesa que me mata me quitas el bóxer y te quitas lo que te queda.

La desnudez se asoma en nuestros cuerpos con Montaner como testigo, no hay pena, la pasión nos hace su presa y acaricio tu cuerpo, tu piel suave, mis manos recorren tus piernas, mis labios tu pecho… Adoro tanto estar ahí…

Paso de un lado a otro, mis labios húmedos besan tus pezones… Palabra fuerte para algunos, pero fuente de placer para otros.Con ellos aprisiono, muerdo suave, mi lengua juega con ellos mientras tu respiración aumenta y los suspiros aparecen, gimes suavemente, no dices nada, sólo sientes mis caricias, me guío por tus reacciones y sé que lo estás disfrutando mucho.

Levanto la vista y mis ojos se encuentran con los tuyos, sonreímos, los besos tiernamente, cómplices del momento, te acercas y besas mis ojos acariciando mi rostro.

Continuará…


lunes, noviembre 03, 2008

Deseos... Parte 1.

Hay deseos que tenemos, que queremos realizar, en ocasiones el que dirán o alguna circunstancia nos hace guardarlos muy dentro de nosotros. Algo sucede y nos impide hacerlo realidad, pero solamente el que deja de soñar no cumple sus deseos…

En mi deseo está encontrarte un día en el pasillo de un Hotel. Imagino que minutos antes cada quien está en un evento de gala, cada uno por su lado, de pronto llega la hora de irse y llegamos al Hotel, con un aspecto romántico, colonial…

Cuando tu llegas, yo tengo pocos minutos ahí y te espero recargado al final del pasillo, nos quedamos viendo uno al otro, porto un traje que puedo ver en tus ojos que es de tu agrado, en color negro, camisa blanca y una corbata plateada, tu llevas un vestido elegante con tirantes también en color negro, brilloso, con una sexy abertura en la pierna que despierta mis instintos…



No puedo evitar decirte lo hermosa que te ves, en respuesta tus manos toman mi cabeza y me das un beso corto en los labios, a manera de saludo, la sonrisa aparece en tus labios y el brillo que conozco en tus ojos.

Tomo mi llave, abro la puerta, te tomo de la mano y entras conmigo, el cuarto tiene una bonita terraza con buena vista a la ciudad, hay un poco de aire pero nada que nos incomode, hay una mesa y una botella de vino que espera por nosotros.

Conozco tus gustos y pongo música de Ricardo Montaner de fondo, nos sentamos para platicar de tantos temas, un poco por el deseo de compartir puntos de vista, pero también para diluir con el vino el pudor y las barreras que pudieran surgir momentos más adelante.

Me pongo de pie para pedir tu mano caballerosamente mientras se escucha “Bésame en la boca” de Ricardo Montaner.

-¿Bailamos? Una sonrisa y tus ojos en los míos me dicen que aceptas mi petición, nuestros cuerpos se abrazan y tu cabeza se recarga sobre mi hombro, tus manos alrededor de mi cuello y te siento sonreír mientras cierras tus ojos.

Mis manos se ajustan a tu cintura, sientes que tu copa te estorba y la dejas sobre una mesita, el vino y nuestros latidos nos dicen que es hora…

Te separas un poco de mi, tus ojos grandes y bellos se cruzan con los míos, como queriendo adivinar lo que hay dentro de ellos, nuestros rostros se acercan y los labios se funden en un tierno beso, cálido, suave, romántico…

No dejamos de bailar, combinamos el ritmo semi lento de una balada con la ternura de los besos que nos traen a la memoria tantas imágenes, el mundo se pierde a nuestro alrededor y Montaner ve cumplida la misión de la canción, que se convierte en una invitación para disfrutar de tus labios.

Bailando lentamente nos acercamos a la cama…
Continuará...


jueves, octubre 23, 2008

Volver a vivir...



Por momentos el reloj retrocedió... Los días en que te tenía entre mis brazos y tus manos me rodeaban acariciándome volvieron.

Caminamos juntos buscando el cobijo de las sombras en un paraje que evocaba nuestros recuerdos, queríamos dejar por momentos la luz de la realidad que construye barreras e inhibe sensaciones... Por momentos el mundo no importó a nuestro alrededor.

Tus labios tan suaves como en aquellos días jugueteaban recorriendo mi cuello, mi boca impaciente buscaba dar calor a tus hombros desnudos, recorrerlos y dejando en cada centímetro de ellos un pequeño beso que permitiera volver a encender tu piel.

El calor y los recuerdos se agolparon en nuestros cuerpos que se abrazaban fuertemente buscando fundirse en ese momento, sintiendo la necesidad de una mayor intensidad en el contacto...

Mis labios recorrieron un camino antes conocido, iniciando por tus hombros, continuando por el cuello, tu oreja... Tu barbilla y destino final, tus labios, quienes cálidamente correspondieron a las caricias con un tierno beso que nos transportó años atrás, a un lugar en donde el tiempo y las barreras no existías.

Abrazos y besos, uno tras otro, como no queriendo parar por un instante, al paso de las caricias el lugar se hacía insuficiente, el calor iba en aumento y no queríamos desprendernos.

Tu pecho me invitaba a recorrerlo, ansioso de volver a sentir caricias como en aquellos días, la humedad de mis labios volviendo al camino que antes conoció, el contacto tierno y tibio que buscaba aumentar en ti las sensaciones que sólo puede generar un sentimiento.

Con mi boca, con mis manos, con mi cuerpo, en esos momentos fui solo de ti y no pasaba por mi mente nada más, sentí lo mismo en ti, como tu cuerpo se amoldaba al mío, tus manos que tiernamente recorrían mi cara tocando mis ojos, mi nariz, mis manos tomando tu cabeza, tus mejillas mientras no dejaba de besarte.

Cuando volvía el sentido del tiempo y parecía la hora de partir, uno de los iniciaba de nuevo el contacto, no queríamos irnos, queríamos seguir... Recordando los besos, las caricias y todo lo que compartimos en el pasado... Compartiendónos nosotros mismos.

Por momentos observaba tus ojos, grandes, bellos, donde de nueva cuenta me volví a ver reflejado, donde me volví a perder antes de comenzar a besarte nuevamente... Lo confieso, en esos momentos deseaba estar en otro lugar donde nadie nos molestara... donde la intensidad de las caricias fuera mayor.

Hace tanto no tenía esas sensaciones, en ese momento sólo quería quitar tu ropa que ya me estorbaba y recorrer tu cuerpo palmo a palmo con mis labios encendidos...

La humedad en los tuyos al besarme sólo me indicaba que te hacía sentir bien, que te sentías como en aquellos días... Cuando nos comíamos a besos.

Yo quería seguir, pero la horanos indicaba el momento de partir y regresar a casa, cada uno sintiendo lo vivido en los labios y en la piel... Esperando el momento en que vuelva a suceder.

sábado, junio 28, 2008

Acapulco en Soledad

Puedes estar en el mejor de los paraisos, rodeado de amistades, conocidos, personas que comparten un momento contigo, pero al partir cada quien, la soledad no te pide permiso para hacerte compañía.

Frente a la playa, escuchas una ola en el mar, pero en lugar de agua te trae recuerdos, momentos que has vivido y que ya quedaron en el olvido, momentos que te marcan la vida y que llevas por siempre en el corazón.

No es mi intención que la soledad invite a la nostalgia pero es que llega con sus propios invitados, a uno no le que más que recibir a la visita y compartir, no queda más que pasar el tiempo y esperar hasta que se vayan.

A veces llega el sol de la mañana y te sorprende en una mesa platicando aún con esas compañías, no siempre son las mejores pero son como ese invitado que entra sin tocar la puerta.

Espero que con el paso del tiempo hayas aprendido a diferenciar a un buen de un al amor, recuerda que no existe el amor perfecto y en la búsqueda de la perfección se nos va la vida sin encontrarla, ponemos tantos requisitos que dejamos pasar algunas oportunidades.

No te dejes llevar por el primero que dice cosas bonitas, después de todo las palabras se las lleva el viento, y cuando se van queda un hueco que no es fácil de llenar.

A veces la razón y el corazón no se llevan pero, deja que el instinto te guíe, pero a veces, ni en él confíes...